Seo-young quería desesperadamente golpearle e irse, pero no podía moverse debido al sonido hipnótico de la voz. Hee-yeon lloraba tan tristemente que apenas podía parar. Cuando lo logró, continuó con sus palabras.
—Quería comprobarlo.
—¿Qué?
—Fui a una boda con Yoon-woo oppa*. Era la boda de un antiguo compañero de la universidad, y allí oí hablar de ti por primera vez.
(N/T: *Para los que no están familiarizados con la cultura coreana al igual que yo, según Google, el término oppa lo utilizan las mujeres menores para referirse a un hombre mayor a ellas en Corea del Sur, pero que es más como una figura de hermano mayor, aparte de ser una formalidad que se usa entre coreanos, el término Oppa significa protección, respeto, confianza, por lo que también lo utilizan entre amigos y hasta entre novios).
Ese día también estaba clarísimo en la mente de Seo-young. El fin de semana, todos los antiguos compañeros de clase que no habían contactado con ella durante mucho tiempo, encontraron la forma de hacerlo en esa ocasión. La foto de Hee-yeon seguía guardada en su teléfono.
—No es malo tener un pasado. No es que no seamos adultos, y que yo no haya tenido una relación con alguien más antes de conocer a oppa.
Aunque Hee-yeon le daba vueltas a sus palabras, actuaba con frustración. A Seo-young le parecieron tediosas las palabras de la mujer porque no le interesaban los asuntos ajenos. No pudo evitar preguntarse cuál era la intención al contarle su historia de amor con Yoon-wo. Finalmente, se le escaparon palabras cortantes.
—Entonces, ¿cuál es el punto?
—Lo siento. También quería aclarar mis ideas… El punto principal sigue a continuación.
Sin embargo, Seo-young no quería escuchar sobre la nueva historia de amor de Yoon-woo. Sacudió la cabeza.
—No, tengo que volver al trabajo. Lo siento, pero eso…
—Oppa me dijo que me hiciera cirugías.
—¿Sí?
Seo-young enarcó las cejas mientras escuchaba el enunciado sin sentido. ¿Cirugía plástica? Yoon-woo nunca señalaba la apariencia de los demás. Por eso las juniors también estaban dispuestas a seguirlo. Cuando sus amigas criticaban la apariencia de alguien y se “compadecían” de ese alguien, él señalaba suavemente que cada uno era un ser completo en sí mismo.
Un hombre bien educado. Seo Yoon-woo era un hombre así.
Por supuesto, mientras salían, él nunca opinó sobre la apariencia que ella tenía. Era difícil de creer que Yoon-woo, siendo alguien así, le pidiera una cirugía plástica a su nueva novia.
—Me dijo que había un hospital que conocía bien. “Si tus ojos son demasiado caídos, se volverá cada vez más incómodo en adelante”. Esa fue la primera vez que me di cuenta de que mis ojos estaban “caídos”. Hasta ahora, nadie me había dicho eso. ¿Qué piensas? ¿Mis ojos están tan caídos como para necesitar una cirugía?
No lo parecía en absoluto, así que Seo-young negó con la cabeza con franqueza. Más bien, tenía una mirada encantadora y linda que a la gente le gustaba en estos días. Seo-young no podía entender por qué Yoon-woo señalaba los ojos femeninos que formaban una bonita forma de media luna al sonreír.
—No es sólo eso. Oppa me dijo que no llevara tacones altos, que dañaban el cuerpo. Hasta ese punto, lo entendí. Luego me regaló zapatos planos o deportivos en lugar de tacones. Siempre tenía que llevar esos zapatos cada vez que me encontraba con él.
Hee Yeon, que hablaba como si estuviera disparando con cada palabra, miró a Seo-young e inclinó la cabeza. Miró los zapatos planos y puso una expresión de “sabía que sería así”.
—Fíjate que me dio ese modelo de zapatos.
Con una mirada medio abandonada, dijo esas palabras ante la consternación de Seo-young.
—Oppa me dijo que no me arreglara cuando me encontrara con él. Quiere que nos encontremos con un estilo cómodo. Desde que fui a la escuela de azafata, sólo he llevado tacones y trajes. Pero por culpa de mi oppa, tuve que comprarme ropa deportiva y vaqueros. Pero estaba bien. Porque pensé que yo le gustaba.
Después de terminar sus palabras, Hee-yeon extendió la mano y agarró el hombro de Seo-young. Sorprendida, Seo-young intentó apartarla y dar un paso atrás, pero la fuerza de Hee-yeon era considerable.
—Sólo estaba intentando hacerme lucir como tú…
¿Qué?
Hee Yeon sonó extraña.
—… Suéltame.
—Quería comprobarlo por mí misma. Si hubiera seguido lo que me seguía diciendo oppa, me habría convertido en ti. ¿Cómo llamas a oppa? Le dices Yoon-woo, ¿verdad?
—Baja tu mano y habla.
Seo-young hizo un esfuerzo por quitarse la mano de Hee Yeon. Pero, temerosa de ver los ojos de su oponente brillando terriblemente, giró la cabeza y sólo miró el agarre. Los tendones sobresalían por la fuerza que empleaba en su fina mano. Hee Yeon no la soltó, como si quisiera romperle el hombro.
—Oppa y yo nos llevamos dos años de diferencia, pero un día me miró y me dijo que le llamara su nombre. Cada vez que llamaba a mi oppa “Yoon-woo”, no sé cuánto le agradaba, pero él nunca hizo lo mismo por mí*.
(N/T: Nunca la llamó por su nombre, en teoría debería hacerlo porque ya están en ese nivel de confianza).
—¿Por lo tanto? ¿Qué cambiará si me haces esto?
Incapaz de aguantar más, Seo-young empujó a Hee-yeon con ambas manos. Al estar la mujer con tacones altos, apartó la mano de Seo-young y se tambaleó para atrás. Luego la miró con el rostro desencajado, como si hubiera visto un fantasma, y empezó a derramar lágrimas de nuevo.
—Sí. Nada cambiará. ¡Yoon-woo oppa no está enamorado de mí, sino de ti! ¡Y no puede olvidarte! ¡Nada cambiará! ¡Lo sé!
La voz de Hee-yeon se hizo más fuerte a medida que sus emociones se desbordaban, dando miedo y tristeza a la vez. Pero Seo-young quería evitarla. Su mente estaba abrumada por la situación en la que se encontraba con Hee Yeon.
—Yo… No te la tomes conmigo.
Después de pronunciar apenas esas palabras, dejó atrás a Hee-yeon y volvió a la empresa como si huyera. El encuentro que acababa de tener con esa mujer le pareció una alucinación.
¿Hasta qué punto debía creerle? Seo-young no podía creer que Yoon-woo ejerciera tal violencia emocional contra su nueva novia. Él no era esa clase de persona. No había nadie en la vida de Seo-young tan bueno como Yoon-woo.
Forzarla a convertirse en ella. Tonterías.
El Yoon-woo que ella conocía, y el que Yoon-woo que era descrito, según las palabras de Hee Yeon, eran personas completamente diferentes. Simplemente no era ese tipo de persona. Él era como el sol. Así que Seo-young negó todas las palabras de Hee Yeon.
***
Incapaz de descansar incluso en sus días libres, Seo-young acudía sin falta a la habitación de su padre en el hospital. Estaba tan cansada que se sentía desfallecer, pero se consoló a sí misma diciendo que era mejor sufrir ahora que lamentarse después cuando su padre falleciera.
La habitación del hospital olía a muerte. No pudo soportarlo y decidió abrir la ventana.
—Hoy hace buen tiempo. El viento es agradable.
—¿Es así?
La vida de su padre dependía de los medicamentos. Cuando lo vio flaco y sin poder moverse, sintió una incomodidad en el estómago. Se volvió a la ventana con frustración.
—¿Eh?
La habitación del hospital estaba en el tercer piso, y lo único que abarcaba la vista de Seo-young eran las hojas verdes de la vegetación. Pero a través de las hojas, pudo distinguir la sombra de una persona. No podía confirmar su identidad, pero definitivamente parecía estar mirando hacia arriba.
¿Quién podría ser? ¿Tal vez alguien que visita la habitación de al lado?
Esta era una sala de cuidados paliativos desierta. El lugar estaba ubicado en un área suburbana, además que era la última parada de descanso para los moribundos. Todo eso significaba que las visitas eran escasas, así que esa persona debía ser el familiar de algún paciente.
La sombra negra era claramente visible entre las hojas, pero estas cubrían hábilmente el rostro de la persona. La forma de la sombra pertenecía a la de un hombre.
Esa persona no se movió, como si hubiera notado la mirada de Seo-young. Ella desvió la mirada, sintiendo que de alguna manera había sido grosera con el prójimo.
—¿Por qué no cierras la ventana?
—¿No te gusta?
—Es que se está enfriando la habitación.
No había fuerza en la voz de su padre. Seo-young cerró la ventana y bajó las persianas. De qué servía que hubiera un buen clima, su padre no podía ni mirar el exterior.
Seo-young esperó a que su padre se durmiera para salir de la habitación, el olor a muerte era agobiante.
Salió al pasillo por un momento.
Verle dormir bajo la influencia de los medicamentos, la llenó de impotencia. En el pasillo, sólo pasaban algunos familiares de los pacientes internados, que también salían de las respectivas habitaciones con expresiones melancólicas. El aspecto que mostraban era similar al de ella.
Caminando lentamente por su pasillo, volvió a mirar por la ventana involuntariamente. El sol poniente sólo esparcía luz roja sobre el mundo. Entonces encontró un coche que se le hacía familiar. Era un coche deportivo que sólo se vendía en el extranjero y de color azul. Similar al de Yoon-woo.
Yoon-woo insistía en que los hombres tienen autos de color negro, pero ella le recomendó que sea de color azul. Al ser una persona tan fresca como el cielo claro, el azul le sentaba bien. Yoon-woo sonrió y siguió la sugerencia que le dió.
Ahora que lo piensa bien…
《—Es un modelo que ni siquiera está disponible en los trópicos de Corea del Sur.》
Recordó el día que Yoon-woo compró el auto nuevo, cuando le susurró esas palabras estando ella sentada en el asiento del copiloto. Seo-young abrió los ojos y volvió a mirar por la ventanilla. ¿Cuál es la probabilidad de ver otro coche de un color que ni siquiera ha entrado en el mercado de Corea del Sur? Los ojos se le agitaron. Pero el coche ya había desaparecido.
***
No sabía si Yoon-woo rompió con Hee-yeon, pero seguía sin haber contacto. Por supuesto, Seo-young no podía vivir sólo pensando en él. El estado de su padre acabó deteriorándose. Eran las últimas horas del horario de trabajo, cuando recibió una llamada del hospital. Salió corriendo y llegó apresurada al lugar para encontrar a su padre en coma.
El rostro oscuro y demacrado, labios resecos y extremidades débilmente caídas mostraban claramente el final de la vida de su padre. Seo-young sentía que las lágrimas se le habían secado hacía tiempo, y ahora sólo estaba agotada por la larga batalla.
En el hospital, a veces los pacientes no eran capaces de usar sus extremidades después de algunos tratamientos. Es por eso que el servicio de cuidados paliativos se encargaba de todo. Seo-young sólo miraba el humo nebuloso que desprendía el humidificador.
Ya no le queda familia en el mundo.
La sensación de estar completamente sola no era tan mala como pensaba. Había estado preparando su corazón durante mucho tiempo.
—Esta noche va a ser un poco dura.
—… Sí.
Seo-young contestó tranquilamente, fingiendo no darse cuenta de la mirada triste del médico encargado. Después de la retirada del doctor, sólo el silencio llenó la habitación. El dinero que le dio la madre de Yoon-woo se sintió como una ayuda durante un naufragio. Le permitió a su padre quedarse en una habitación individual y cómoda mientras esperaba la muerte.
Tenía la mente complicada. Empezando por el hecho de que le quedaba poco tiempo para pasar con su padre, incluso tenía ahora la preocupación por cómo iba a vivir en el futuro.
Dicen que no hay un alma filial en una larga enfermedad.
Seo-young se rió de sí misma y miró por la ventana. Los ahorros de toda la vida de su padre se vertieron en el pozo sin fondo de las facturas del hospital. La mayor parte de su sueldo también era para las facturas del hospital. Y la madre de Yoon-woo…
Sin embargo, ella hizo todo lo posible por su padre.
Sólo el sonido de la débil respiración de su padre resonaba en la habitación. Por la expresión desesperada del médico, Seo-young se dió cuenta de que no era la única con problemas esta noche. Sabía que su padre moriría algún día desde que llegó al hospital de cuidados paliativos, pero había estado postergando y apartando la vista de ese hecho.
Era duro ver escaparse la vida del cuerpo de su padre, así que agachó la cabeza. Al posar los ojos en el limpio suelo de marfil, de repente sintió el aire quedar atrapado en su garganta, siendo incapaz de respirar.
Por un breve momento, cerró los ojos. Después de obligarse a cenar cuando no quería hacerlo, le vino bien tomar una pequeña siesta; estaba demasiado cansada. A las 9 de la noche abrió los ojos. Seo-Young, de veintiocho años de edad, se levantó para ver el último tramo de la vida de su padre.
Se quedó en blanco. La enfermera le sostenía el brazo con firmeza. Tenía en frente a un paciente con cáncer terminal. Ante el inminente final, el hospital decidió suspender el tratamiento de soporte vital. Los resultados estaban apareciendo ahora. Los ojos de Seo-young revoloteaban sin parar. El médico le dio unas palmaditas en el hombro y le susurró.
—Le has cuidado mucho. Di lo que quieras decir. Porque te está escuchando.
Ella no podía pensar en nada que decir. Sentía que se le aflojaba el pulso. La enfermera empujó una silla al lado de la cama, luego sentó a Seo-young y salió con el médico. Un momento, eso significaba que la dejaban sola para tener un poco de tiempo con su familia.
—Lo siento.
Ni siquiera derramó lágrimas, tal vez ya no tenía sentido de la realidad. Seo-young de alguna manera se exprimió los sesos para hacerlos funcionar, y pronunció las palabras que su padre quería escuchar.
—Descansa bien papá. Tu hija nunca dejará de esforzarse.
Como si realmente hubiera escuchado a su hija, el padre se desprendió del aliento de vida con la promesa recibida. Y se fue a su cita en el más allá.
En cuanto oyó el último suspiro de su padre, se cubrió el rostro contorsionado con ambas manos. Un suspiro escapó de entre ellos, y al mismo tiempo entró el médico que esperaba fuera.
—Lo has hecho bien, niña.
El médico la miró con tristeza, tan joven como su hija. Estaba tan orgulloso de ella. Pero verla resistir firmemente en soledad era tan triste.
Seo-young esperó a que el médico anunciara la hora de muerte con una expresión ambigua en el rostro, sin ser capaz de reír ni llorar.
Ahora no quedaba nadie a su lado. Sólo había tenido dos personas en su vida. Su padre se fue, y ella misma empujó a Yoon-woo con sus propias manos. Pensaba que se sentiría algo aliviada por la marcha de su padre, al que antes consideraba una carga, pero ahora estaba destrozada. Todavía no se había dado cuenta de lo que realmente significaba el sentimiento de la soledad.
Dejanos tu opinion
No hay comentarios aún. ¡Sé el primero en comentar!
Por favor, introduzca su nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirá un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.