Seo-young invitó a almorzar a sus amigos más cercanos de la universidad y, de paso, les entregó invitaciones de boda.
—Sabía que ustedes dos volverían a estar juntos.
No solo eran cercanos a ella, sino también a Yoon-woo. Al ver el otro nombre en la invitación de boda, era inevitable que lo mencionaran.
—Tienes los estándares muy altos. ¿Dónde podrías encontrar un hombre mejor que Seo Yoon-woo? ¿Huh?
Ante el comentario burlón de su amigo, Seo-young solo esbozó una sonrisa ambigua en lugar de responder. Tal como habían dicho, jamás encontraría un hombre mejor que Yoon-woo basándose únicamente en las apariencias.
—¿Por qué rompieron antes? ¿Pelearon?
—Sí… algo así.
—Te lo dije, eres un tonto.
No quería pensar en el pasado, así que inventó una excusa vaga, lo que provocó que sus compañeros allí reunidos se rieran. Mientras todos se divertían, Seo-young tenía una mirada sombría. Nadie notó su estado de ánimo.
—Oye, Seo-young. No encontrarás a nadie como Yoon-woo en ningún otro sitio, ¿no es así?
Una amiga que acababa de beber un sorbo de café preguntó con una voz entre risas. En sus palabras había también un poco de envidia.
¿Un hombre como Yoon-woo? No, no existía. Y si existiera otro, sería un desastre.
Sus amigos interpretaron su silencio como una afirmación y estallaron en risas mientras recordaban viejos tiempos. Una época a la que jamás podrían volver. Seo-young simplemente escuchó en silencio.
Tras un rato, ella fue la primera en levantarse. Todas las miradas se posaron en la estrella del día. Con su bolso en la mano, Seo-young habló en tono de disculpa.
—Debería irme ya. No es necesario que traigan dinero como regalo, así que por favor no se sientan presionados y asegúrense de venir. Yo no tengo familia, así que…
Como el hijo menor de la familia estaba a punto de casarse, la familia de Yoon-woo estaba poniendo mucha atención en la boda. Quizás por eso Seo-young tampoco quería verse demasiado miserable. Sin embargo, se esperaba que, como mucho, solo asistieran como invitados suyos algunos amigos de la universidad y ciertos colegas de trabajo.
—¡Claro que iremos! ¡Incluso traeremos a los que no recibieron el mensaje!
—Entonces se los agradeceré.
Seo-young esbozó una sonrisa radiante y sincera.
—¿Estás con prisa? Quédate un rato más.
—Lo siento. Ya tengo un compromiso previo con la madre de Yoon-woo.
—Ah… bueno, si es así, entonces ve rápido.
El matrimonio ya era una situación difícil desde el principio. Ya no intentaron detenerla por temor a causarle problemas.
—¡Llámanos luego!
Seo-young solo agitó la mano y salió del café.
***
Seo-young se apresuró al lugar de reunión. Por suerte, llegó justo a tiempo. En cuanto vio a la señora Hyeok, que parecía algo abatida, Seo-young inclinó la cabeza profundamente.
—¿Ha estado bien?
—Sí.
En cuanto terminaron los saludos cordiales, un silencio incómodo se instaló entre las dos. El conductor abrió la puerta trasera y Seo-young siguió a la señora al interior del coche.
Inesperadamente, fue Seo-young quien rompió el silencio en el coche. Se humedeció los labios resecos con nerviosismo y comenzó a hablar con cautela.
—Señora, hay una cosa… que quiero preguntarle.
—¿qué cosa?
Hyeok giró la cabeza hacia Seo-young. Al ver el rostro que se parecía al de Yoon-woo, Seo-young sintió una extraña opresión en el pecho. Después de todo, Hyeok era la madre de Yoon-woo. Como madre, ¿no sentiría resentimiento hacia ella?
—¿No está disgustada conmigo?
Ante la pregunta, Hyeok se estremeció, tensando los hombros hasta el punto de palidecer.
—¿Por qué? Ah, no… no digas algo así.
Desconcertada, Hyeok agitó la mano. Había intentado alejar a Seo-young de su hijo porque la desaprobaba, pero estuvo a punto de sufrir un destino terrible a manos de él. Para Hyeok, Seo-young era alguien a quien debía aceptar como nuera.
Sin embargo, Seo-young, que no sabía con exactitud qué había ocurrido entre la madre y el hijo, continuó hablando con calma.
—Aparte del asunto con Yoon-woo, me siento culpable con usted. Yo fui la persona que eligió el dinero antes que a Yoon-woo.
Los 50 millones de won seguían pesándole en el corazón. No podía ni imaginar cómo se sentiría la señora Hyeok al aceptar como nuera a una mujer que había elegido el dinero antes que a su hijo.
Sin embargo, inesperadamente, la señora pronunció palabras de disculpa.
—Sobre eso… quiero decir que lo siento.
—¿Qué?
Los ojos de Seo-young se abrieron de par en par. Hyeok suspiró, con expresión de frustración.
—En realidad, Seo-young, yo conocía tu situación en aquel entonces. Sabía que tenías dificultades para pagar los intereses de tus préstamos, así que te ofrecí ese dinero a propósito.
Hyeok recordaba cómo Seo-young no eligió fácilmente el dinero. No estaba segura de si se debía al orgullo a pesar de sus dificultades económicas o a que amaba sinceramente a su hijo menor. Sin embargo, considerando que nunca le pidió ayuda a Yoon-woo, ni siquiera en una situación tan difícil, Jeong Seo-young podría haber sido muy orgullosa.
—Si yo hubiera estado en tu lugar, también habría elegido el dinero antes que un amor incierto. Tu padre también estaba pasando por un momento muy difícil. Así que… no guardes eso en tu corazón. Lo digo en serio.
Mientras conversaban, la incómoda atmósfera entre ambas se fue disipando. Seo-young bajó la cabeza, sintiéndose avergonzada.
—¿Eso te carcomía la cabeza? No es muy listo de tu parte.
Seo-young no pudo responder. Hyeok la miró con pena y murmuró.
—Bueno, supongo que por eso, para Yoon-woo…
Era obvio que iba a regresar con él.
Hyeok no pudo terminar la frase y suspiró de nuevo. Al final, había terminado encargando su hijo menor a Seo-young. Aunque ella misma era madre, no podía hacerse cargo de su hijo y, en efecto, lo había dejado al cuidado de Seo-young.
Sobre todo, Hyeok no se atrevía a mirar a su hijo a la cara después de aquel día. El día en que Yoon-woo la estranguló con tanta indiferencia le pareció una pesadilla. Hyeok estaba tan aterrorizada por el hijo que la estaba llevando a la muerte que sintió un impulso irrefrenable de huir.
Tras tragar saliva con nerviosismo, Hyeok abrió la boca.
—Solo hay una cosa que quiero pedirte…
Seo-young levantó la cabeza con cautela al oír la suave voz de la señora. La mirada desesperada de Hyeok se encontró con la de Seo-young.
—Solo te pido que no abandones a mi Yoon-woo. Eso es todo lo que necesito. Seo-young, por favor, accede a mi petición.
Hyeok apretó con fuerza la mano de Seo-young y le suplicó. Ni siquiera quería imaginar lo que le sucedería a su hijo menor en el momento en que Seo-young se alejara de su lado.
—No pasa nada si mi Yoon-woo no es tu máxima prioridad. ¿De acuerdo?
Seo-young miró fijamente la mano de la señora. Era un gesto desesperado. Dado que ya había decidido entregar su vida a Yoon-woo, esto era algo tan natural para ella, pero ¿acaso no era digna de confianza? Para tranquilizar a su futura suegra, le respondió con firmeza.
—Sí. Lo haré. No se preocupe.
Porque el corazón de Yoon-woo no cambiaría hasta el día en que Jeong Seo-young muriera. Quizá ni siquiera después de la muerte.
* * *
La cocina estaba llena de ruido desde la mañana. Seo-young, que normalmente empezaba el día tarde después de dejar su trabajo, se había levantado temprano por alguna razón y estaba cocinando. Yoon-woo entró en la cocina con los ojos bien abiertos.
—¿Qué haces?
—Hoy es tu cumpleaños.
—Oh, ¿es así?
Seo-young lo miró con tristeza por no saber que era su cumpleaños. Él, sonriendo con ternura, la abrazó por la cintura desde atrás. Dirigiendo su mirada a la olla hirviendo, ella habló.
—Al menos te prepararé una sopa de algas por tu cumpleaños*.
(Becky: *Al parecer es tradición tomar sopa de algas en cada cumpleaños para tener buena suerte el resto del año).
Él la besó en la nuca sin decir palabra. Ella removió la olla con un cucharón. Al ver la sopa de algas, recordó una de las comidas que Yoon-woo le había preparado. Era una sopa de algas instantánea y demasiado salado porque ni siquiera había calculado bien la cantidad de agua. Había sido en el capítulo final de un recuerdo de felicidad, de ignorancia.
Quizás por eso Seo-young había llegado a detestar la sopa de algas. Si no hubiera sido por el cumpleaños de Yoon-woo, no se habría molestado en prepararla.
Después de que el desayuno estuvo listo, se sentó frente a Yoon-woo. Colocó la sopa solo frente a él. Fue entonces cuando él tomó su cuchara en silencio.
—Vuelve temprano a casa hoy.
Él la miró desconcertado.
—¿Hay algo más aparte de la sopa de algas?
—Tengo un regalo de cumpleaños para ti.
—¿Qué es? Voy a pasar todo el día con curiosidad.
Un regalo preparado por Seo-young… Jamás lo había esperado. Los labios de Yoon-woo se entreabrieron ligeramente. Ella lo observó fijamente mientras él sonreía como una flor en plena floración. ¿Qué expresión pondría Yoon-woo al recibir ese regalo?
***
Eran alrededor de las diez, después de que Yoon-woo se fuera a trabajar. Seo-young barría y limpiaba la casa de los recién casados. Como él trabajaba, no era necesario que ella también lo hiciera. Él no quería que lo hiciera tampoco. Cuando mencionó sutilmente que renunciara, ella intuyó sus verdaderas intenciones.
Yoon-woo hacía todo lo posible por actuar como un hombre amable frente a ella, pero de vez en cuando dejaba entrever su verdadera naturaleza. Ella fingió ceder y presentó su renuncia. El motivo oficial fue el matrimonio.
Mientras estaba sentada en el flamante apartamento, los recuerdos de la apartada villa afloraron vagamente. Al igual que entonces, ahora también esperaba el regreso de Yoon-woo. Mientras permaneciera a su lado así, él la abrazaría con la calidez del sol.
Claro que, a diferencia de entonces, ahora podía salir libremente y comunicarse con quien quisiera. Como ahora, que recibió una llamada de Yoon-seong.
—Sí, cuñado.
[—Lo siento, cuñada. ¿Le dijiste a Yoon-woo que volviera temprano a casa hoy?]
—Ah, sí… Hoy es su cumpleaños…
[—¿Para qué celebrar algo como el cumpleaños de Yoon-woo?]
Ella se quedó sin palabras. Quien más desaprobaba su decisión de quedarse al lado de Yoon-woo era su hermano mayor, Yoon-seong. Él creía sinceramente que su alocado hermano menor había arruinado el futuro de una mujer perfectamente normal.
Del otro lado del teléfono se escuchó un suspiro. Había ascendido a Yoon-woo, quien se había independizado tras casarse, a jefe de equipo. Lo ascendió con la esperanza de que al tener a Seo-young a su lado lo ayudaría a estabilizarse un poco, pero parece que no se debe poner a una persona inestable en un puesto de responsabilidad.
[—Esto es problemático. Ese loco ha trastocado por completo el horario.]
—…¿Qué?
Sus ojos se entrecerraron. De ninguna manera, de ninguna manera, Yoon-woo…
[—Por ahora entiendo porqué.]
Seo-young sintió lástima por Yoon-seong al oír su cansancio. Podía imaginar lo que había pasado. Porque le dijo que volviera temprano, Yoon-woo seguramente había pospuesto o cancelado todos sus compromisos oficiales solo para poder regresar antes. Después de todo, Yoon-woo era completamente ciego cuando se trataba de ella.
—Lo lamento, voy a hablar con él otra vez.
[—No hace falta. Sería demasiado hacerlo trabajar en su cumpleaños.]
Sin embargo, tan pronto como Yoon-seong colgó, ella llamó a Yoon-woo. Él contestó antes de que el teléfono timbrara por segunda vez.
[—¿Hay algún problema?]
El del problema era otro. Seo-young frunció el ceño.
—Yoon-woo.
[—¿Sí?]
—¿Cómo se te ocurre dejar de trabajar solo porque te dije que volvieras temprano?
[—Ah…]
Se notaba la incomodidad en su voz. Seo-young reprimió su irritación.
—Tienes que trabajar tanto como te pagan. Termina todo correctamente y regresa.
[—¡Espera! Espera. El director general Seo… ¿Te llamó? ¡No es así!]
—Colgaré.
Como no había necesidad de escuchar las excusas de Yoon-woo, Seo-young colgó la llamada fríamente.
***
La bomba cayó innecesariamente sobre la oficina del director general.
—Director general Seo, ¿estás cansado de vivir?
Cuando Yoon-woo entró bruscamente, Yoon-seong, que estaba sentado en su escritorio, endureció su expresión. Yoon-woo se acercó, sonriendo ampliamente mientras inclinaba su rostro hacia su hermano. La visión de sus ojos oscuros y hundidos le produjo escalofríos a Yoon-seong.
—¿Quieres que termine con tu vida aburrida?
Yoon-woo era alguien que había llegado a estrangular incluso a la madre que le dio a luz. No sentiría culpa por hacerle algo a su hermano mayor de cuatro años.
Antes de que Yoon-seong pudiera responder, Yoon-woo lo agarró del cuello. Con el rostro inexpresivo, lo estranguló. Sobresaltado, Yoon-seong le agarró del brazo y justo la secretaria entró pegando un grito.
—¡D-director general!
Uno de los jefes de equipo estaba estrangulando al director general. La secretaria, que había entrado tras un presentimiento, estaba desconcertada y forcejeó para detenerlo desde atrás, intentando agarrar a Yoon-woo.
—¡Jefe de equipo, deténgase!
Aunque solo era jefe de equipo, Seo Yoon-woo era el hermano menor del director general. La secretaria estaba desesperada porque no podía llamar a seguridad, ya que hacerlo provocaría rumores desagradables sobre la familia del dueño. Además, era imposible que una mujer separara a un hombre que había perdido la razón.
—¡Este loco de remate, en serio!
Aunque sobresaltado por el ataque sorpresa, Yoon-seong afortunadamente logró mantener la compostura y apartar a su hermano menor. Una pila de documentos cayó al suelo con él. Mientras tosía y sacudía las manos con fuerza, la voz fría de su hermano menor se escuchó como si nada hubiera pasado.
—La gerente Park Ju-hee ha aceptado ir al viaje de negocios. También se ha decidido que el subgerente Choi asistirá a la reunión en mi lugar.
—Maldito loco, ¿Un subgerente va a asistir a una reunión de jefes de equipo?
Sin embargo, a Yoon-woo no le importaba lo que le sucediera a la empresa. Lo único que le importaba era Seo-young.
—Si vuelves a decirle alguna estupidez a Seo-young, esto no va a terminar así.
Yoon-seong se arrepintió. Debería haber internado a ese loco en un hospital psiquiátrico en aquel entonces. Debería haber confiado en la medicina moderna en lugar de dejarlo en manos de Seo-young.
Yoon-woo salió de la oficina hecho un desastre. La puerta se cerró de golpe con un fuerte estruendo. Yoon-seong, que se había estado frotando el cuello, se dejó caer en una silla.
—Le dije que lo dejara ahí…
Parecía que Seo-young no había podido contenerse y le había reclamado a Yoon-woo. Yoon-seong se cubrió el rostro con las manos y suspiró.
Por desgracia, Yoon-woo era el epítome de un buen hombre frente a Seo-young. Y para ser un “buen hombre”, uno no debe dejar que otros hagan su trabajo. Como fue delatado, era lógico que Yoon-woo perdiera los estribos.
—Maldito loco…
Mientras soltaba una grosera maldición hacia su hermano, la secretaria recogía de uno en uno los documentos esparcidos por el suelo y se los entregó.
—D-director general…
Aunque ver a su jefe, siempre impecable, en ese estado descompuesto resultaba inusual, la secretaria cumplió con su trabajo en silencio. Al recibir los documentos, Yoon-seong sintió vergüenza. Después de todo, su subordinada había presenciado a dos hombres adultos peleándose.
Fingiendo tranquilidad, preguntó:
—¿Por qué sigues aquí?
—Lo siento.
—…Puedes retirarte. Y cuidado lo que dices.
—Entendido.
Observando a la secretaria inclinarse y salir, dejó escapar otro suspiro. Por culpa de ese maldito loco, no había un solo día de paz en la familia. Yoon-seong se sostuvo la frente. Sentía como si tuviera fiebre.
***
—Terminé todo mi trabajo antes de venir.
Bajo la mirada suspicaz de Seo-young, Yoon-woo se apresuró a aclarar la situación en cuanto llegó del trabajo. No mentía. Si bien había delegado los viajes de negocios al gerente y las reuniones al subgerente, no era que no hubiera trabajado. Se quitó la chaqueta del traje y la siguió de cerca.
—No podía concentrarme pensando en qué regalo me preparaste.
—Siéntate, vamos a comer.
Sin embargo, Seo-young lo ignoró. Parecía profundamente decepcionada por los acontecimientos del día. Yoon-woo la miró con cautela.
Recordaba lo que ella le había dicho. Le había dicho que si actuaba con cariño y le mostraba su lado bueno, como cuando eran novios, jamás lo abandonaría. En otras palabras, si mostraba un comportamiento inapropiado, podría dejarlo y marcharse. El inteligente Yoon-woo sabía muy bien que, si bien no era difícil encontrarla después de que se fuera, recuperar su corazón era complicado.
Temiendo perderla, se humedeció los labios secos y abrió la boca.
—Seo-young, te digo esto porque me preocupa que hayas malinterpretado… Es que mi hermano entendió todo mal…
—Este es tu regalo.
Yoon-woo, que iba a continuar divagando con excusas, miró con perplejidad la pequeña caja que había sobre la mesa. Seo-young la empujó hacia él.
—Come y luego ábrelo.
—¿No ahora?
—Después de comer.
Al verla fruncir el ceño con molestia, no insistió más. Durante toda la cena, su mirada se desviaba constantemente hacia la caja, así que ni siquiera supo a qué sabía la sopa de algas. Probablemente igual que la de la mañana.
Él se terminó toda la sopa. Seo-young, que no había probado ni una cuchara, sintió alivio.
—¿Hm?
Al abrir la caja, con muchas ansias, solo vio un sobre dentro. ¿Sería una tarjeta de cumpleaños? Cualquier cosa servía. Cualquier obsequio de Seo-young era un regalo preciado para Yoon-woo. Abrió el sobre con los ojos llenos de expectación y se quedó inmóvil.
El silencio se apoderó de la mesa del comedor.
Seo-young observó la expresión de Yoon-woo. Después de sacar el contenido del sobre, permaneció rígido durante un largo rato. El regalo de cumpleaños que sostenía era una ecografía. Sus labios se movieron sin sonido hasta que finalmente logró hablar.
—¿Esto, es real?
Ella asintió en respuesta. Él alternó la mirada entre la imagen y ella, luego dejó escapar un suspiro. No lograba identificar la naturaleza de la emoción que lo embargaba, pero su cuerpo temblaba de una intensa emoción. Sostuvo la fotografía y las manos de ella juntas.
—Muchas gracias, de verdad… es el mejor regalo de cumpleaños.
—Una vez dijiste que tendríamos hijos como conejos y viviríamos felices para siempre…
Seo-young no pudo terminar su oración. Los labios de él tocaron el dorso de su mano suave. Un escalofrío le recorrió el brazo al sentir el contacto de sus labios ardientes.
Era un futuro que había creído que jamás llegaría.
La relación, que se había deteriorado de alguna manera, ya no podía recrear la atmósfera dulce y encantadora del pasado. Aunque aparentaba ser el mismo, Yoon-woo estaba constantemente ansioso, pendiente del estado de ánimo de Seo-young y tratando de leerle la mente. Creía que jamás podrían volver a ser como antes de la ruptura y pensaba que el futuro que habían soñado nunca llegaría.
Una relación inestable, como caminar sobre una cuerda floja.
Aunque habían registrado su matrimonio, el temor de que ella se cansara de él y desapareciera en cualquier momento siempre lo atormentaba. Apartó los labios del dorso de su mano y levantó la cabeza. Mientras ella le acariciaba la mejilla, él sonrió.
—Seo-young.
Sujetó con fuerza la mano que descansaba sobre su mejilla. Con ambas manos entre sus brazos, ella lo miró fijamente, sin expresión alguna. Habló con una expresión que hacía imposible discernir si estaba feliz o sufriendo.
—Te amo.
Ella no respondió su cariñosa confesión. Porque aceptar su amor ya era suficientemente abrumador.
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