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Obsesión amorosa - Capítulo 17

 

Capítulo 17

 

 

La afirmación de Seo-young distorsionó la expresión de Yoon-seong. Era típico de Yoon-woo: mostrar su mejor versión solo a la persona con la que estaba obsesionado.

 

—Escuché que mi madre te dijo que rompieras con él.

 

—Sí…

 

El recuerdo desagradable hizo que los hombros de Seo-young se encogieran: cincuenta millones de wones. Le había dado la espalda a Yoon-woo, cegada por ese dinero. Después de aceptarlo, sentía que no tenía derecho a comportarse como una víctima. Incluso después de todo lo terrible que había ocurrido, la deuda en su corazón no se hacía más ligera. Miró a los dos con cautela, temiendo que la despreciaran.

 

Sin embargo, a ninguno de los dos pareció importarle demasiado. Esto se debía a que el arrebato de Yoon-woo al enterarse de la verdad fue mucho peor que el hecho de que Seo-young recibiera el dinero.

 

—Ya imaginarás el caos que se armó en casa cuando se supo todo.

 

Yoon-seong dejó de hablar y suspiró. Yoon-hee, que también había estado ese día, se estremeció.

 

Ese día, Yoon-woo estranguló a su madre sin dudarlo un instante. Ni siquiera por ser la madre que le había dado a luz y criado fue una excepción. Yoon-hee, quien tuvo que detener a su hermano menor y separarlo de su madre, sufrió pesadillas durante varios días.

 

El error de su madre fue bajar la guardia tras ver a Yoon-woo pasar sus años universitarios sin mayores problemas. Probablemente también influyó su deseo de no creer que su hijo fuera anormal. Quería creer que había crecido con normalidad, y que solo había mostrado un comportamiento extraño durante su infancia.

 

Sin embargo, Seo Yoon-woo no había cambiado en absoluto. Si acaso, había empeorado.

 

—Pensé que Yoon-woo iba a matar a mamá.

 

Ante esa confesión desesperada, Seo-young finalmente comprendió el cambio en la madre de Yoon-woo. Desde la forma arrogante en que le había entregado dinero e ignorándola hasta el punto de arrodillarse y suplicar… Las piezas del rompecabezas encajaban a la perfección.

 

—En nuestra familia… A quien pueda lidiar con ese loco, lo recibiremos con los brazos abiertos. Pero, ¿qué hay de tu vida, Seo-young?

 

El silencio cayó en la habitación. Incluso cuando los objetos se rompían o los animales morían, Yoon-woo nunca abandonaba su obsesión. Si el objetivo era una persona, esa persona podría quedar atrapada a su lado para siempre. Aunque estuviera enferma y quisiera irse, Seo-young ya no podría abandonar a Yoon-woo.

 

Yoon-seong le preguntó si estaría bien con eso. Seo-young parpadeó lentamente.

 

—Mi vida…

 

Miró fijamente la cama vacía.

 

—Creo que ya se la entregué toda a Yoon-woo.

 

Estaba grabado a fuego en su alma. Ya no podía liberarse de Yoon-woo. Cada vez que conocía a alguien nuevo, no dejaba de compararlo con él. Cada vez que miraba el macizo de flores donde solía esperarla, veía su imagen. Incluso en sus sueños, se apoyaba en él.

 

Yoon-seong negó con la cabeza, incapaz de entenderla.

 

—Entonces, por el resto de tu vida…

 

Ahora que ella había decidido aceptar a Yoon-woo, solo le quedaba una opción. Para el resto de su vida.

 

—No lo perdones.

 

Mientras Yoon-seong añadía eso con vehemencia, los hombros de Seo-young se desplomaron. ¿Podría pasar toda su vida sin perdonar? No estaba segura. Incluso los recuerdos de aquella villa ya empezaban a suavizarse. Tal vez algún día recordaría la cinta roja sin sentir rabia.

 

Pero ahora no.

 

 

***

 

 

Ahora que Seo-young se había tranquilizado, no era necesario que nadie más permaneciera en la habitación del hospital de Yoon-woo. La habitación privada estaba en silencio. Solo el humidificador estaba funcionando, emitiendo un leve sonido.

 

Yoon-woo, tras recibir tratamiento en el dorso de la mano, pareció aliviado al verla. Parecía haber estado preocupado todo el tiempo, temiendo que ella hubiera desaparecido. Sin embargo, ella fingió no darse cuenta.

 

—¿Tu mano está bien?

 

Al escuchar su voz indiferente, él la miró fijamente. Demasiado concentrado en recuperarla cuanto antes, ni siquiera se había dado cuenta de que tenía la mano herida. Ahora que ella lo mencionaba, su mano empezó a palpitar tardíamente. Frunció el ceño.

 

—Parece que no.

 

Seo-young resopló y tomó su mano con fuerza. La presión cayó directamente sobre la herida recién suturada.

 

—¿Te duele?

 

Aun así, él no soltó ni un solo gemido. Ella soltó su mano como si quemara. Tan pronto como ella apartó su atención, él susurró suavemente.

 

—Seo-young, yo… te hice algo muy malo.

 

—¿Lo sientes? ¿Por mí?

 

Yoon-woo asintió en silencio. Era imposible saber con certeza si su disculpa era sincera o si la había dicho por temor a su reacción. Entonces Seo-young levantó la mano y le dio una bofetada. Su mano le dolió tanto que vio destellos de luz.

 

—¿Dices que lo sientes?

 

Le respondió con frialdad, mirándolo permanecer inmovil con una mano en su mejilla.

 

—Te lo supliqué entre lágrimas, diciéndote que no lo hicieras. No me escuchaste entonces. ¿Y ahora dices que lo sientes?

 

Seo-young hizo un puño con la mano con la que lo había abofeteado. El temblor persistía. Aunque había recibido una bofetada, Yoon-woo no parecía particularmente sorprendido. Al contrario, se mostraba tranquilo, como si nada hubiera sucedido.

 

—¿Por qué me hiciste eso?

 

¿Qué respuesta podría surgir de esto? Yoon-woo solo tenía una verdad.

 

—…Porque te amo.

 

Sin embargo, un terrible suspiro escapó de sus labios.

 

—Dices que me amas, ¿y aun así me trataste así?

 

Solo había pasado una semana. El tobillo esposado. La cinta roja y cadena atada en su cuello. Las palabras humillantes, las acciones e incluso las sensaciones que la avergonzaban. La sensación de palabras insidiosas susurradas en su oído mientras se movía dentro de ella seguía vívida.

 

Esta ira acabaría desvaneciéndose con el tiempo, pero al menos no ahora.

 

—¿No recuerdas lo que me hiciste?

 

Yoon-woo cerró los ojos con fuerza. Sus recuerdos de la villa eran tan vívidos como los de ella. Jamás podría olvidar a Seo-young, temblando bajo él. Desde verla con una cinta roja como el gato blanco hasta la forma en que se aferró a él desesperadamente cuando intentó salir de la villa un instante. Ese día, Seo Yoon-woo estaba de muy buen humor. Para que el día siguiente sea el peor de todos.

 

—No soporté la idea de perderte. El miedo de que desaparezcas de mi lado.

 

La ató y encerró solo por eso. A pesar de lo espantoso de la idea, ella lo miró fijamente. Él entrecerró los ojos y añadió con lástima.

 

—Miedo a que ya no vuelvas a amarme.

 

¿Qué clase de amor era el de Yoon-woo? No podía comprenderlo. El hombre que conocía desde hacía cuatro años era el hijo menor de una familia adinerada, que había crecido recibiendo amor y sabía cómo compartirlo. Pero ahora, simplemente no podía entender su amor.

 

Sentía el pecho pesado y asfixiado. La sensación de traición y rabia hacia él aún no había disminuido. Habló con frialdad.

 

—Levanta la cabeza.

 

En cuanto lo hizo, ella volvió a abofetearlo. Le volteó la cabeza bruscamente a un lado. Apretando sus manos temblorosas, murmuró entre dientes.

 

—Yo puedo hacerte esto.

 

No había manera de liberar la ira del pasado. Sin saber cómo desatar las emociones que llenaban su corazón, levantó la mano hacia él. Después de golpearlo, incapaz de superar su culpa, preguntó con voz temblorosa.

 

—¿Aun así me amas?

 

—Solo te tengo a ti.

 

Como un robot programado, Yoon-woo dio la respuesta esperada de inmediato. Ella apretó los dientes. La mejor venganza que podía tomar contra Yoon-woo era marcharse, pero eso era algo difícil, incluso para sí misma.

 

—Si tu familia viera esto, no querrían que yo estuviera contigo.

 

Una mujer que abofetea sin dudar a un miembro de su familia. Una mujer que recibió dinero a cambio de romper con él. Seo-young era de lo peor. Sin embargo, a Yoon-woo parecía no importarle.

 

—No importa.

 

El golpe en la mejilla dado con esa pequeña mano no le dolía. No le importaría aunque le clavara trozos de cristal en la mano y se la desgarrara. Mientras ella estuviera a su lado, él podía soportarlo.

 

Y tenía en claro algo. Incluso si ella lo abofeteara y lo insultara frente a todos, no solo sus padres, sino también sus hermanos harían la vista gorda y fingirían no haber visto nada. ella pudiera pudiera lidiar con el desquiciado Yoon-woo, pasarían por alto lo que sucediera.

 

—Escucha, Yoon-woo.

 

La forma dulce en que ella dijo su nombre hizo que su visión se nublara. De pronto, Seo-young estaba sentada al borde de la cama. Mirándolo, continuó hablando con claridad.

 

—Quiero… Quiero que vuelvas a ser el Yoon-woo que yo conocía.

 

Un hombre cálido como el sol y dulce como la miel. Si volviera a ser el hombre cariñoso y gentil, que la hacía sentir amada, jamás se separaría de él con los ojos cerrados por el resto de su vida. Acarició suavemente la mejilla que había abofeteado.

 

—Entonces podremos vivir así por el resto de nuestras vidas.

 

—Está bien.

 

En cuanto Yoon-woo respondió, ella lo abrazó. El aroma de ella casi lo volvió loco. Él enterró la nariz bajo su clavícula. Su respiración caliente se rompió contra su piel.

 

Ambos habían pensado que nunca volverían a abrazarse.

 

Y con ese mismo pensamiento, estrecharon sus brazos el uno alrededor del otro con más desesperación.

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