A Seo-young le pareció divertida su propia situación. Algo que sólo se veía en la televisión le estaba sucediendo en este instante. Era un acontecimiento digno de ver en algún dorama del momento. La escena en la que la señora elegante se encuentra con su posible nuera y le dice que deje de estar cerca de su hijo, era como lo que se ve en todo tipo de doramas. Sin embargo, como si el drama fuera un poco diferente de la realidad, la señora no estaba armando escándalos fortuitos ni profería ruidos fuertes.
—Será mejor que lo haga lo más antes posible, señorita.
La madre de su amado nunca la había llamado por su nombre, excepto cuando la conoció por primera vez. Como si su existencia, llamada “Jeong Seo-young”, no existiera en su mundo.
—No puede dejarse arrastrar por nuestro Yoon-woo hasta que sea demasiado tarde, y luego perder su oportunidad de matrimonio con otra persona y arrepentirse, ¿verdad?
Sabía que el novio a quien había conocido en la universidad procedía de una familia adinerada, pero no sabía que la diferencia entre ambas familias era tan grande. Seo-young cerró la boca con fuerza y bajó la cabeza. Mientras sus pestañas proyectaban una sombra, de ella emanaba un aura lastimera.
—Y esta es una muestra de mi buena fe.
La mujer sacó un sobre blanco de su lujoso bolso y se lo tendió a Seo-young. Hasta los más pequeños sabrían lo que había dentro. Seo-young desvió la mirada y miró el sobre blanco. Era una especie de recompensa material que la señora le entregaba como deseo de que dé por terminado sus cuatro años de relación con Yoon-woo.
No debería aceptar ninguna clase de dinero ofrecida. ¿Pero cuánta gente puede salir adelante después de terminar tan fríamente? Con la intervención de la madre de su novio, esta relación sólo acabaría en la ruina. ¿Y por qué no tomar su buena voluntad? Al final, no le quedaría nada a ella. Y sería conveniente llevarse aunque fuera unos pocos centavos de la gente rica.
Cuando Seo-young extendió la mano hacia el sobre blanco, el alivio en el rostro de la madre fue evidente. Agarró débilmente el sobre, como si en cualquier momento fuera a declinar el ofrecimiento.
—Dime si no es suficiente.
En el momento en que abrió el sobre, el rostro de Yoon-woo apareció en la mente de Seo-young. Un hombre tan brillante como el sol que se mantenía a su lado mientras sonreía como un cachorro. Para Seo-young, que tenía una vida oscura y sombría, Yoon-woo fue la luz y la salvación. Siendo así, él solía compartir con ella su esperanza y calor. No había nadie que no se enamorara de Yoon-woo, quien creció en la riqueza y sin preocuparse por el dinero, pero que sabía dar generosamente a la gente.
Sin embargo, Seo-young sacó los cheques del sobre. Cinco, de diez millones de wones cada uno, estaban en sus manos. Esos 50 millones de wones parecía que le estuvieran susurrando: “¿Cómo te atreves a cruzarte en el camino de Seo Yoon-woo?”
¿Qué podría hacer con 50 millones de wones? En primer lugar, podría darle un poco más de alivio en el último tramo espinoso de vida que le quedaba a su padre. Perdió a su madre prematuramente y se le diagnosticó cáncer de hígado terminal a su padre. Había llegado el momento de ser una buena hija. Podría hacerle vivir lo más humanamente posible en la sala de cuidados paliativos. Luego pagaría el préstamo, y con el dinero restante…
¿Le quedaría algo de dinero? Seo-young pensaba que no. Su vida era dura.
—No, es suficiente, pero…
No es que no fuera suficiente. Nunca había tenido 50 millones de wones en sus manos, así que ni siquiera dimensionaba la cantidad de dinero que significaba. Sin embargo, si ponía 50 millones de wones con Seo Yoon-woo en una balanza, entonces no era suficiente. El dinero nunca sería suficiente. Yoon-woo era una buena persona.
Afortunadamente, la madre esperó las palabras de Seo-young. Teniendo la cabeza inclinada, levantó lentamente la cabeza. La señora de mediana edad recibió la mirada de una joven de 28 años que no tenía luz en sus ojos. La mano que sostenía el sobre, estaba temblando.
—… No tengo confianza para pedirle a Yoon-woo que terminemos.
¿Amor? No, ella tenía sentimientos por Yoon-woo más grandes que el amor. Puede que los demás no sepan lo mucho que se apoyaba en él. Solía ser la fuente de aire fresco en su asfixiante vida.
La señora frunció el ceño por primera vez durante este encuentro con Seo-young.
—Eso significa que no es suficiente.
Parecía mostrar algo de desprecio. Seo-young volvió a agachar la cabeza. No tenía la confianza necesaria para enfrentarse al desprecio. Se sentía como si estuviera haciendo un trato por Yoon-woo.
—Vamos a hablar con franqueza. ¿Cuánto quieres, querida?
—Eso no es lo que quería decir…
—¿Sabe, Jeong Seo-young? Quiero que su codicia se modere. Es ahora cuando mi pequeño tiene que estar participando de forma activa en la compañía de su padre, y está en una edad en la que tiene que encontrar un buen matrimonio. No puede seguir jugando a la casita contigo para siempre.
La mujer que cortó las palabras de Seo-young implacablemente y con un tono de frustración. Ante las frías palabras, Seo-young se limitó a mirar el sobre blanco. Tenía mucho miedo de la mujer que volvió a decir su nombre* con énfasis.
(Becky: *Volvió a decir su nombre desde la primera vez que se conocieron).
—Sé que le gusta mucho mi hijo. Pero si tanto lo quiere, puede quitarse de en medio para que tenga un buen futuro, ¿verdad? ¿Quiere que Yoon-woo se case con usted y viva como un vulgar asalariado? ¿O prefiere que tenga una buena vida haciendo grandes negocios?
¿Qué tan bueno hubiera sido si Yoon-woo hubiera sido el hijo de una familia más pobre? Seo-young no pudo decir nada. Los pensamientos de una madre sobre su hijo no podían ser erróneos. Se dio cuenta de que ya no podía ganar el favor de esta mujer, quien se encontraba sinceramente preocupada por su hijo.
Agarró con fuerza el sobre. A pesar de ver que estaba siendo arrugado, por la fuerza al sostenerlo. La elegante señora giró la cabeza y fingió no notarlo.
***
—Terminemos esta relación ahora.
El sábado por la tarde, con evidentes signos de agotamiento por las horas extras que había hecho en el turno de la noche del día anterior, Seo-young se despidió fríamente de Yoon-woo. Él frunció el ceño y ladeó la cabeza. Tenía una apariencia incrédula, similar a un hombre que acaba de escuchar una tontería.
—¿Qué, de la nada?
—Han pasado cuatro años desde que nos conocimos. Y en los cuatros años que llevamos saliendo, nos hemos divertido haciendo todo lo que pudimos y hasta lo que no pudimos hacer.
—¿Pero?
—Ya no me hace ilusión estar contigo… ¿Y honestamente? Estoy cansada.
Seo-young, mientras hablaba con indiferencia, suspiró con el mentón apoyado en la palma de su mano. Y siguió hablando con Yoon-woo, como si fuera una persona realmente enferma y cansada de la situación.
—Estos días lo he estado pasando muy mal en el trabajo, y mi padre… Ya sabes. Tener que reunirme contigo ahora se convierte en tiempo desperdiciado. Creo que ahora es el momento de separarnos.
—Si estás agotada, puedes tomarte un descanso y hablaremos más tarde.
Como siempre, Yoon-woo pensó que podría calmarla y darle consuelo. Siempre que estaba agotada, lo había hecho. Pero el consuelo que recibió en el momento no fue útil. Sin embargo, no hubieron lágrimas corriendo por su rostro. Ella tenía las entrañas carbonizadas y las lágrimas ya se habían secado de tanto llorar días anteriores a este encuentro.
Seo-young empezó a irritarse consigo misma.
—No, hagámoslo ahora. No es algo repentino. He estado pensando en ello durante mucho tiempo.
—¿Por qué? ¿Qué está mal? Tal vez para tí no sea repentino, pero sí lo es para mí. ¿De dónde viene esto? ¿Es tan fácil decir que nos separaremos? ¿Nuestros cuatro años juntos no significan nada para ti?
|¿Dónde está la parte fácil de esta despedida?| Pensó Seo-young y cerró la boca.
Cuatro años.
Fueron cuatro años de ensueño. Cuando regresó a la universidad después de tomarse un descanso y de pagar a duras penas el costo de la matrícula, Seo-young conoció a Yoon-woo, quién volvía de completar el servicio militar. No fue algo descabellado enamorarse a primera vista de él, quien tenía una gran reputación dentro de su departamento*. Aunque eran compañeros de clase, era la primera vez que lo veía ya que era un departamento con mucha alumnado universitario. Pero, de alguna manera él mostró interés en ella. Fue realmente como un cuento de hadas. Después de tantas penurias al fin estaba viendo la luz y pensó que se había convertido en alguna clase de cenicienta moderna. Hasta hace unos días.
(Becky: *En mi país le decimos “facultad”, varía de acuerdo a la rama de estudio que tiene la carrera elegida por el estudiante).
Yoon-woo empezó a aferrarse a Seo-young como un cachorro que está a punto de ser abandonado por su dueño.
—Seo-young, no nos hagas esto. Se suponía que tú y yo íbamos a casarnos. Dijimos que queríamos tener hijos como conejos en una casa cálida y acogedora. Vivir felices y hacerlo bien como otros y de forma merecida. ¿no es así?
Bueno, ella solía decir cosas así. Yoon-woo siempre le había ofrecido un futuro dulce y de color de rosa a Seo-young, quien tenía la fantasía de tener una familia perfecta, diciendo que se casarían en cuanto consiga un empleo. Justo a inicio de este año, ella había dejado su antiguo trabajo a tiempo parcial y consiguió un empleo en una pequeña empresa, y Yoon-woo también había dado un paso adelante en su vida empresarial empezando a trabajar como un empleado junior en la empresa de su padre. Ella ingenuamente pensó que sólo les quedaba el matrimonio.
—Seo Yoon-woo, ¿puedo serte sincera?
Ella finalmente rompió su silencio. Él la miró con tristeza. La mirada con ojos de cachorro hirió su corazón, por lo que apartó la vista.
—¿Realmente crees que tú y yo encajamos bien?
—Por supuesto que sí. ¿No lo parece?
Afirmó Yoon-woo sin dudarlo. Pero Seo-young resopló.
—¿Qué hay de tu padre y de tu madre? ¿Tu hermano? ¿Qué sobre tu hermana? Tú sabes cómo está la situación con mi padre, ¿verdad?
Era imposible que Yoon-woo no fuera consciente de la situación. Por un lado, él tenía a su padre y a su madre, quienes eran los directores generales de empresas medianas. También estaban su hermano y hermana mayores, que se habían graduado en escuelas de prestigio y estaban ayudando en el negocio familiar. Era una familia de la que se encontraba orgulloso.
Pero por otro lado, ¿cómo era la situación de ella? El padre de Seo-young, que era taxista, quedó inmovilizado por cáncer al hígado desde hace medio año. Entonces ella tuvo que convertirse en la verdadera cabeza de familia. Fue difícil tener que pagar las facturas médicas de su padre y hasta hacerse cargo de la renta del alquiler. Era una suerte que no tuviera que cuidar de nadie más, ya que era hija única.
—¿En serio crees que tú y yo vamos bien juntos? ¿Realmente lo haces?
El tono sarcástico no era propio de Seo-young. En consecuencia, vió el rostro de Yoon-woo ponerse rojo. Debía estar enfadado. Las palabras que él más odiaba eran las que revelaban la brecha económica entre los dos.
—¡Jeong Seo-young!
—¿Qué? ¿Me equivoco?
Una pareja peleando en un café tranquilo era claramente un espectáculo. La gente alrededor los miraba. Pero lo más raro era que Yoon-woo se enfadara. Siendo alguien que siempre evitaba las peleas cada que podía, esta vez no parecía ser capaz de poder detenerse.
—¿Qué está mal contigo? ¿Quién te ha dicho que…? ¿…Mi padre o mi madre te han dicho algo? ¿Fue mi hermano quien se acercó a ti? ¿Qué te dijo mi hermana?
Cada parte de su pecho estaba siendo apuñalada. Pero, ¿cómo podía decir eso, cuando la madre de su amado vino a ella y le pidió que se separara de él por el bien de su futuro?
—Seo Yoon-woo, ¿Acaso tus padres me conocen del todo? ¿Tu hermana o hermano saben quién soy?
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