Maté a mi esposo. Era la tercera vez.
Lo descuart*cé y lo arrojé en lo profundo del bosque, y regresé a la mansión cubierta de sangre, sudor y tierra… Pero entonces:
—Eve, debes de haber pasado por un mal momento, ¿verdad?
Una voz familiar zumbó en mis oídos, y un brazo como una serpiente envolvió mi cintura delgada.
Un brazo firme, debajo del codo se veía una línea roja.
Exactamente la parte que yo misma había cortado.
Mi esposo había regresado.
Era la tercera vez.